15 ene. 2013

La escuela de magia.


Hoy he tenido un berrinche de estos míos que me dan por vivir en Yupilandia y no saber aterrizar en la realidad sin ralentizar a tiempo antes de tocar el suelo. Esto me ha llevado a una hibernación mental rápida en la que con mucho esfuerzo y tras una recaída de mi maravilloso Alien-contractura (que por cierto os manda saludos; educación ante todo, mal le pese a Wert) he conseguido calmarme, y decidirme a compartir con vosotros (todo sea dicho, el último empujón se lo debo a  @TonyFate13, aprendiz apuesto de Merlín) un fragmento de un cuento de mi adorado Michael Ende. En este cuento los niños acuden a una escuela de magia, en Deseolandia, donde aprenden trucos varios y... Leedlo, vale la pena. Creo que hoy encaja mucho mejor esto que mi disertación en tono de crítica ácida sobre por qué todo en esta vida ha de ser evaluado (esto lo dejamos para otro día; hoy toca magia, porque la ilusión es gratis y el sol sale para todos). Sin más dilación, me centro en lo que os quería intentar transmitir (disfrutad de cada palabra como si fuera miel tibia, que bien lo merece, y pensad en vuestros verdaderos deseos):

"Deseolandia es ese país en el cual desear aún sirve de algo. Para ir a la escuela de magia, uno tiene que poder desear algo con muchísima constancia y muy fervientemente. Aquél que quiera hacer magia tiene que poder dominar y aplicar su capacidad de desear. Pero, para eso, primero tiene que conocer cuáles son sus verdaderos deseos y aprender a manejarlos (...)

-En realidad lo único que hace falta es conocerlos de verdad, abierta y sinceramente, pues todo lo demás podría decirse que viene por sí solo. Pero no es tan fácil, ni mucho menos, averiguar cuáles son de verdad los propios deseos. Solamente puede encontrarlos quien vive su propia historia.

-¿Su propia historia? –preguntó Mali- ¿Es que cada uno tiene una?

-No cada uno, ni mucho menos –respondió suspirando el profesor-, aunque aquí, en Deseolandia, salimos relativamente bien parados. Pero fuera de aquí, en el mundo cotidiano, la mayoría de la gente jamás vive su propia historia. Tampoco le conceden ninguna importancia a eso. Lo que hacen y lo que les ocurre lo podría hacer cualquier otro y le podría ocurrir a cualquier otro ¿No es así? –dijo volviendo su mirada hacia mí, que estaba en el último banco.



Asentí, sorprendido, y me puse un poco colorado.

-Y por eso –añadió el señor Silber retomando su discurso- jamás se les ocurre descubrir sus verdaderos deseos. Uno piensa, por ejemplo, que le gustaría ser un médico famoso, o un profesor de Universidad, o ministro, pero su verdadero deseo, que él no conoce en absoluto, es ser un simple y buen jardinero. Otro piensa que le gustaría ser rico o poderoso, pero su verdadero deseo es ser payaso de circo. Y como los deseos ajenos son de historias ajenas, ellos jamás viven su propia historia. Y por eso, naturalmente, tampoco pueden hacer magia"


Y recordad:

1. Sólo puedes desear realmente aquello que consideras posible.
2. Sólo puedes considerar posible aquello que forma parte de tu historia.
3. Sólo forma parte de tu historia aquello que verdaderamente deseas.


"Por supuesto que querías; si no, no hubiera ocurrido. Sólo que tú mismo no sabías que ése era tu deseo"


2 comentarios:

  1. No es porque sea de magia, no es porque me hayas mencionado (y te hayas acordado por lo de apuesto), no es porque sea del Sr. Ende, ni siquiera por la reflexión final que debería grabarse a fuego más de uno, yo incluido... es porque me has sorprendido mucho mucho mucho, y en eso consiste la magia ^^

    Increíble Izurea, espero esa crítica ácida xP

    -Tony-

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    1. Anda, no había visto el comentario, qué guay! Muchas gracias, me hace mucha ilusión que te gustara la entrada! ^^

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