28 ene. 2013

Respect not found. Insert coin (I)


Aviso: Peligro de despotricación. Aunque en modo historia, que parece así que la sátira le quite hierro al asunto -craso error-. Quien se sienta ofendido ya sabe donde está la cruz roja para cerrar la página; hay gente muy sensible hoy en día. No me gustan los eufemismos. Con esta introducción en la que ya entro luciéndome, maja y agradable que puedo llegar a ser, a quien me quiera seguir leyendo, le pongo en situación de esta obra de teatro que voy a proceder a pincelar:


"LA ESPECIE BOBA
Tragicomedia deste año 2013


PERSONAS DE ESTE ACTO

-José Ignacio Wert Ortega, ministro de Educación, Cultura y Deporte de España, y más allá, persona de 62 años, licenciada en Derecho por la Complutense con premio Extraordinario y diplomado en Sociología Política por el Instituto de Estudios Políticos. Fue director de relaciones corporativas del Grupo BBVA, entre otras cosas.

-Miguel Ángel Celdrán Matute, alcalde de Badajoz desde 1995. Ingeniero técnico industrial y director y profesor titulado de autoescuelas de conductores. Como persona escondida bajo la figura del político, tiene 73 años, está casado y tiene tres hijas, tres nietas y un nieto. Se rumorea que le gusta buscar en los fondos de las botellas (¿qué buscará...?).

-José Antonio Monago Terraza, presidente de la Junta de Extremadura y del Partido Popular de Extremadura. Con 47 años, hay que destacar su participación en la selección extremeña de balonmano, su puesto actual como Jefe de Sección del Cuerpo de Bomberos y la fundación a su cargo de la ONG "SOS Extremadura". Entre otras cosas, cursó Derecho en Cáceres, doctorándose con sobresaliente en la Universidad de Salamanca.

-El pueblo (pese a esta autodenominación, debo aclarar que aunque no lo parezca, esta historia NO es El Príncipe de Egipto y de hecho se desarrolla en pleno siglo XXI). Pequeños universos condensados en poco más de kilo y medio de tejido neural. Miles de historias que contar por cada neurona chisporroteante; risas, amor, sueños, miedos, gestos. Mil maneras distintas de andar y mil timbres de voz, también distintos; mundos enteros por descubrir, únicos todos en su individualidad, reunidos momentáneamente en una sinergia de voz sin identidad alguna. La voz del pueblo no es la voz de una persona que lidera, ni tampoco es muchos universos juntos. Es un solo universo, al que otras veces he oído nombrar como “las masas”. No se puede saber si a esta masa le gustan las mandarinas o no, por ejemplo, o si disfruta más leyendo novelas históricas o de fantasía. La paradoja radica en que que siendo el humano un animal sociable, y estando el pueblo integrado por estos humanos, éstos corren el riesgo de perder su identidad individual al formar parte de esta masa.

-Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Pequeños universos condensados en poco más de kilo y medio de tejido neural. Miles de historias que contar por cada neurona chisporroteante; risas, amor, sueños, miedos, gestos. Mil maneras distintas de andar y mil timbres de voz, también distintos; mundos enteros por descubrir, únicos todos en su individualidad. Todas estas historias individuales quedan ocultas bajo un uniforme, como el pueblo queda oculto bajo el pueblo."


De momento voy a dejar aquí todo este cacao lopeveguiano; esto fue lo que escribí antes sobre la marcha, enfurruñada como un mono (os cuento para que no andéis tan perdidos: Inauguración de una biblioteca pública en Badajoz city, marabunta de gente furiosa, gritos de odio, políticos pasándoselos por el forro y esas cosas, y como siempre, yo en todos los berenjenales en primera fila); si me pongo a transcribir las cosas que apunté en la manifestación en el móvil de un amigo y que me han llegado al whatsapp hace un rato, no acabo hoy. Lo dejo para la siguiente entrada, sintiendo mucho dejaros a medias (ya que esto apenas si llega a introducción), pero a la vez segura de que me agradeceréis en parte amenizaros la lectura de semejante texto quijotesco que me iba a quedar como me diera por ponerme a refunfuñar y divagar. De todos modos, ya os digo que para paliar esta dosis de realidad lastimosa y deprimente que me he metido hoy para el cuerpo voy a necesitar mucho, pero que mucho chocolate, y salir a correr. Tres horas. Al campo profundo. Y ciencia. Y estrellas. Y música. Y Michael Ende. Y Twitter. Y un buen mojito. Hay gente muy sensible hoy en día... Por desgracia, a veces yo entre ellos.


                                                                                           Fdo.:
Absurd Melan Colidealist


Escoger el propio tiempo es ganar tiempo.


Entonces, si viajo en el tiempo, ¿puedo volver a comerme a la vaca que me cené anoche una y otra vez y nunca se extinguirá? ¿puedo casarme con alguien a quien mataron antes de ayer? ¿podrías a lo mejor tener como hijo a algún antepasado tuyo? ¿evitaría la muerte del perro, o al rato sería atropellado por otro camión?

Y tú, persona, aún si la más excéntrica, dime, ¿maneja algún tipo de hilo invisible tus pasos? ¿está pintado el camino de tus huellas con tinta antigua? Dime si es tu destino decidirte a saltar o no hacerlo.

Si entonces tú no definieras por completo tu destino (yo soy yo y mis circunstancias)...

...sería el destino por tanto una cuestión social? ¿Y si fuera social, qué tendría que ver con uno mismo? ¿y qué es uno mismo entonces? ¿hay acaso un único "uno mismo" mundial alimentando siete mil millones de vidas errantes?

Entre la sencillez y la mediocridad la linea es radiactiva.



Retazos de palabras vestigiales.


El problema. El verdadero núcleo del problema. El problema al desnudo, sin pintura, sin capas, sin ropa, sin piel. Estoy buceando más allá de la piel, sin aire y a ciegas. No veo el problema ni la solución. A mitad de camino la ausencia de aire te aplasta los pulmones; te asfixia. Te fuerza a escoger un rumbo, y piensas que lo mejor es volver (ya que conoces el camino por donde has venido). Y frenas; el miedo a avanzar te paraliza en medio de la nada. Flotas inerte y te mareas, el malestar enredado a la cola de tus neuronas. Pero avanzas, aún sin rumbo y sin percibir la luz (sin el indicio de un sólo rayo que te indique hacia dónde seguir).

De nuevo miras más allá, buscando (los pulmones comprimidos), exhausto. Finalmente tratas de respirar tan profundo como puedes, rendido, y todo estalla en un golpe de tos seca, la tensión desvaneciéndose de cada fibra muscular, los movimientos torpes, automáticos, aún bloqueados, y aún sin luz por fin ves más allá (decepción, resentimiento, culpa, anhelo, miedo, resignación, incertidumbre). Tratas agotado de enfocar la dirección, pero te sientes romper (cada sensación atrapándote y tirando de tu cuerpo en todas direcciones a la vez).

No te sientes mejor escupiendo burbujas de tinta, ni respirando el aire helado que resultó ser el agua en la cual te ahogabas. Pero por un segundo vislumbras la tenue luz del sol.

15 ene. 2013

La escuela de magia.


Hoy he tenido un berrinche de estos míos que me dan por vivir en Yupilandia y no saber aterrizar en la realidad sin ralentizar a tiempo antes de tocar el suelo. Esto me ha llevado a una hibernación mental rápida en la que con mucho esfuerzo y tras una recaída de mi maravilloso Alien-contractura (que por cierto os manda saludos; educación ante todo, mal le pese a Wert) he conseguido calmarme, y decidirme a compartir con vosotros (todo sea dicho, el último empujón se lo debo a  @TonyFate13, aprendiz apuesto de Merlín) un fragmento de un cuento de mi adorado Michael Ende. En este cuento los niños acuden a una escuela de magia, en Deseolandia, donde aprenden trucos varios y... Leedlo, vale la pena. Creo que hoy encaja mucho mejor esto que mi disertación en tono de crítica ácida sobre por qué todo en esta vida ha de ser evaluado (esto lo dejamos para otro día; hoy toca magia, porque la ilusión es gratis y el sol sale para todos). Sin más dilación, me centro en lo que os quería intentar transmitir (disfrutad de cada palabra como si fuera miel tibia, que bien lo merece, y pensad en vuestros verdaderos deseos):

"Deseolandia es ese país en el cual desear aún sirve de algo. Para ir a la escuela de magia, uno tiene que poder desear algo con muchísima constancia y muy fervientemente. Aquél que quiera hacer magia tiene que poder dominar y aplicar su capacidad de desear. Pero, para eso, primero tiene que conocer cuáles son sus verdaderos deseos y aprender a manejarlos (...)

-En realidad lo único que hace falta es conocerlos de verdad, abierta y sinceramente, pues todo lo demás podría decirse que viene por sí solo. Pero no es tan fácil, ni mucho menos, averiguar cuáles son de verdad los propios deseos. Solamente puede encontrarlos quien vive su propia historia.

-¿Su propia historia? –preguntó Mali- ¿Es que cada uno tiene una?

-No cada uno, ni mucho menos –respondió suspirando el profesor-, aunque aquí, en Deseolandia, salimos relativamente bien parados. Pero fuera de aquí, en el mundo cotidiano, la mayoría de la gente jamás vive su propia historia. Tampoco le conceden ninguna importancia a eso. Lo que hacen y lo que les ocurre lo podría hacer cualquier otro y le podría ocurrir a cualquier otro ¿No es así? –dijo volviendo su mirada hacia mí, que estaba en el último banco.



Asentí, sorprendido, y me puse un poco colorado.

-Y por eso –añadió el señor Silber retomando su discurso- jamás se les ocurre descubrir sus verdaderos deseos. Uno piensa, por ejemplo, que le gustaría ser un médico famoso, o un profesor de Universidad, o ministro, pero su verdadero deseo, que él no conoce en absoluto, es ser un simple y buen jardinero. Otro piensa que le gustaría ser rico o poderoso, pero su verdadero deseo es ser payaso de circo. Y como los deseos ajenos son de historias ajenas, ellos jamás viven su propia historia. Y por eso, naturalmente, tampoco pueden hacer magia"


Y recordad:

1. Sólo puedes desear realmente aquello que consideras posible.
2. Sólo puedes considerar posible aquello que forma parte de tu historia.
3. Sólo forma parte de tu historia aquello que verdaderamente deseas.


"Por supuesto que querías; si no, no hubiera ocurrido. Sólo que tú mismo no sabías que ése era tu deseo"


11 ene. 2013

La guerra es la paz.


A ti, que caíste por mí, sin yo saberlo,
y a mis lágrimas, que sin tú saberlo, por ti caían.



Atraviesas con firmeza el escenario.
Con seguridad, la cabeza alta,
Los ideales claros como cielo despejado.
Quizás algún pensamiento tembloroso...

No vacilas.

Y al final volamos juntos,
Yo hasta tu momento, tú hasta mi mente.
Y nos encontramos, fugaces. 
Y te devolví a la vida.

Por la noche a las estrellas te miré en los ojos.