17 feb. 2013

Oda al cegato.


A ti, miope, que no ves un pijo (ni aun al caballo de Ralph Lauren montado). A ti, que no ves tres en un burro, ni tres camiones con burros. A ti, si de hecho podrías confundir a los burros con los camiones. A ti, gafiruli, cuatrojos, cegato, rompetechos; a ti, gafotas, que te levantas por las mañanas y antes de poner los pies en el suelo ya tienes las manos sobre las gafas. A ti que no me ves si no es a través de unas lentes, aun si pupilentes. A ti que a través de hasta los más sucios cristales has aprendido a mirar. A ti que quizás has sufrido el infarto de corazón junto a los cristales rotos y la ira de tu madre furibunda. A ti que aguantabas con resignación los colirios y con orgullo lucías pupilas ciclópeas. A ti que aliviado y con ilusión recibiste la noticia de aquellos nuevos cristales reducidos y antireflectantes que te libraban de usar culos de botellas. A ti te quiero ver, Bartolo. A ti te veo.

Sin embargo a ti, que llevas gafas con cristales sin graduar, o aún peor, sin cristales, ni verte quiero. Y si te veo que sea para presenciar como te chocas contra alguna farola porque el grosor de la montura de tus gafas de adorno a la última moda te haya quitado la suficiente visión periférica como para que yo disfrute del suceso. Me quito las gafas en tu presencia para borrarte de mi vista, gafapasta de inmerecido renombre. A ti no, por absurdo y borrego desagradecido a la vida y la vista.

Pero a ti, mi querido cegato, a ti te diré algo: Ojos que no ven, lentes divergentes o convergentes con mayor o menor grosor que suplirán su defecto. No estás sólo, tienes gafas (así, en eterno plural, que acompañan más). Dicen de los ojos que son ventanas que dan al alma, y tú, mi querido defectuoso de la retina, tienes la opción de ponerle unas buenas cortinas. Aprovecha.



"Cierra los ojos y verás"

P. J. Joubert


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