16 nov 2012
La maldita raza humana.
El artículo de Mark Twain que transcribo a continuación (titulado La maldita raza humana) fue censurado en la época de su publicación. Me parece una obra maestra de la ironía, que como tal debe ser debidamente apreciada. Aquí os lo dejo para que lo disfrutéis:
"A partir de entonces y durante casi otros treinta millones de años la preparación avanzó con energía. A partir del pterodáctilo se desarrolló el pájaro; a partir del pájaro el canguro y, del canguro, los otros marsupiales; de éstos, el mastodonte, el megaterio, el perezoso gigante, el alce irlandés y todos aquellos animales de los que se pueden obtener útiles e instructivos fósiles. Luego sobrevino la primera gran glaciación y todos retrocedieron ante ella y cruzaron el puente del estrecho de Bering y fueron rodando por Europa y Asia hasta morir. Todos, excepto unos pocos, para continuar la preparación. Seis glaciaciones, con períodos de dos millones de años entre cada una de ellas, acosaron a aquellos pobres huérfanos por todos los rincones de la TIerra, con climas extremos, desde un calor tropical abrasador en los polos hasta heladas árticas en el ecuador, que se iban alternando, sin saber nunca cómo sería el siguiente cambio climñatico. Y si en alguna ocasión se establecían en algún punto determinado, todo el continente se hundía debajo de ellos sin previo aviso y tenían que tratar el sitio a ocupar con los peces y resolverse hacia el lugar donde había estado el mar, y sin apenas un harapo seco con que cubrirse. Y cuando todo volvía a la normalidad, un volcán entraba en erupción y los expulsaba del lugar en el que habían estado viviendo. Llevaron esta vida errante y molesta durante veinticinco millones de años, la mitad del tiempo en el mar y la otra mitad en la tierra; y preguntándose siempre por qué, sin sospechar, naturalmente, que era una preparación para el hombre y que tenía que hacerse así o no habría ningún lugar adecuado y armonioso para cuando él llegase. Y por fin llegó el mono y era fácil ver que el hombre ya no estaba lejos. Y así era en verdad. El mono continuó desarrollándose durante casi cinco millones de años y luego se convirtió en hombre, bajo todos los aspectos.
Y ésta es la historia. El hombre ha estado aquí desde hace 32000 años. El que fueran necesarios cien millones de años para preparar el mundo para él demuestra que es para eso para lo que fue hecho. O así lo supongo yo; no sé. Si la Torre Eiffel representase la edad de la TIerra en la actualidad, la capa de pintura en el saliente del pináculo de la parte superior sería el período de tiempo transcurrido desde la aparición del hombre. Y nadie repararía, o así creo yo, en que la torre había sido construida para sostener aquella capa de pintura."
8 nov 2012
Fragmento de "El error de Descartes", de Antonio R. Damasio
"La distinción entre enfermedades "del cerebro" y "de la mente", entre problemas "neurológicos" y problemas "psicológicos" o "psiquiátricos", es una desafortunada herencia cultural que impregna nuestra sociedad y nuestra medicina. Refleja una ignorancia básica de la relación entre cerebro y mente. Las enfermedades del cerebro se consideran como tragedias infligidas a personas a las que no se puede culpar por su condición, mientras que las enfermedades mentales, especialmente las que afectan a la conducta y a la emoción, se ven como inconveniencias sociales de las que los que las sufren tienen que responder en gran medida. Los individuos tienen la culpa de sus fallos de carácter, su modulación emocional defectuosa, etc; se da por supuesto que el principal problema es la falta de voluntad (...)"
¿Conoces la historia de Phineas Gage?
15 sept 2012
De derechos, novelerías y otros cuentos comerciales.
Hoy
os traigo una historia. Hace un par de días han inaugurado en mi ciudad, Badajoz, un centro
comercial bastante grande: 66.000 m2, 20.000 dedicados a los 97 establecimientos abiertos (para dar una idea, el
madrileño estadio Santiago Bernabeu cuenta con 7.500 m2,
y Xanadú, el centro comercial más grande de Europa, con 135.000 m2). Obviamente
tal suceso es un evento más que digno de celebración y revuelo social, no sólo
por parte de los pacenses sino también de los cacereños, emeritenses, gente de
todos los pueblos circundantes y no tan circundantes (quizás se dejen ver incluso
algunos andaluces) y por supuesto portugueses (se calcula que el área de influencia es de unas 500.000
personas y que a la larga las compras de los portugueses representarán hasta un
20% del total). Pese a que Badajoz es una ciudad histórica, bonita y tranquila,
el turismo no es uno de sus puntos fuertes (más por dejadez y fomento nulo por
parte de la presidencia que por otra cosa), por lo que la inauguración de "El Faro" va a darle el empujón que tanta falta le hacía.
Los
futuros beneficios económicos son más que evidentes (tras una inversión de 185 millones de euros y
con la que está cayendo, más vale), pero el caso es que no pretendía contaros la bella historia del impulso turístico de Badajoz ni de cómo se generaron ocio y puestos de trabajo entre la población y todos
vivieron felices y comieron perdices; no.
Quería contaros cómo hoy ha habido una manifestación en Madrid para protestar contra las reformas y en las noticias me han informado mucho más sobre el cumpleaños de la princesa Letizia que sobre la protesta. Quería contaros cómo he ido a la Universidad, que (fallo) está de camino al centro comercial, y me he comido un atasco de media hora al volver a casa, atrapada entre gente con bolsas y más bolsas que volvía de hacer sus compras en Primark. Quería contaros cómo se me ha encogido el alma cuando he leído en el periódico un titular que rezaba “Carreras, gritos y empujones para ser los primeros en comprar”. Como si de catetos que nunca hubieran visto un centro comercial se tratase, y cómo si el país no se estuviera hundiendo mientras tanto en la más dramática de las ruinas. No quiero ser hipócrita; soy la primera que va a ir a echar un vistazo al centro comercial en cuanto se calme la cosa y adelantándome a la crítica: No, no he ido a la manifestación en Madrid hoy. Pero aún así digo, ¿de verdad era necesario dar tan lamentable espectáculo como para que se escribiera un artículo con ese nombre?
Pero el consumismo desenfrenado y las ganas de juerga y jolgorio que todos los españoles tenemos no es algo nuevo; lo que me sorprende es que la apertura de un
centro comercial mueva a más de 30.000 personas, y una manifestación a nivel nacional
por los derechos que tan brutalmente nos están siendo suprimidos, apenas 65.000
(también suponiendo que esta cifra facilitada por la Delegación del Gobierno no
esté manipulada). Señores, 65.000 frente a 30.000, apenas el doble de personas
luchando por sus derechos que de personas (a saber cuantas de ellas en el paro
o afectadas directamente por los recortes) de cachondeo. Personalmente me da escalofríos
pensarlo.
Con esto, exagerada y catastrófica que soy, no puedo evitar que me vengan a la cabeza imágenes de circos
romanos, de personas mugrientas apiladas de pie en los gallineros de los teatros,
el fútbol, la programación de Telecinco, y en definitiva, todas esas cosas que los dirigentes nos han proporcionado desde siempre para evadirnos de esa realidad de mierda que ellos han creado y nosotros nos tenemos que tragar sin rechistar. Es como eso de "Con un poco de azúcar esa píldora que os dan..." Comprad y divertíos todo lo que queráis, pero recordad que se están riendo de nosotros y que ellos no van a ser los que se queden sin trabajo, ni sus hijos sin educación.
13 sept 2012
El Tiempo no tolera que le den palmadas.
"-Si conocieras al Tiempo tan bien como lo conozco yo -dijo el Sombrerero-, no hablarías de matarlo. ¡El Tiempo es todo un personaje!
-No sé lo que usted quiere decir -protestó Alicia.
-¡Claro que no lo sabes! -dijo el Sombrerero, arrugando la nariz en un gesto de desprecio-. ¡Estoy seguro de que ni siquiera has hablado nunca con el Tiempo!
-Creo que no -respondió Alicia con cautela-. Pero en la clase de música tengo que marcar el tiempo con palmadas.
-¡Ah, eso lo explica todo! -dijo el Sombrerero-. El Tiempo no tolera que le den palmadas. En cambio, si estuvieras en buenas relaciones con él, haría todo lo que tú quisieras con el reloj. Por ejemplo, supón que son las nueve de la mañana, justo la hora de empezar las clases, pues no tendrías más que susurrarle al Tiempo tu deseo y el Tiempo en un abrir y cerrar de ojos haría girar las agujas de tu reloj. ¡La una y media! ¡Hora de comer!"
-Creo que no -respondió Alicia con cautela-. Pero en la clase de música tengo que marcar el tiempo con palmadas.
-¡Ah, eso lo explica todo! -dijo el Sombrerero-. El Tiempo no tolera que le den palmadas. En cambio, si estuvieras en buenas relaciones con él, haría todo lo que tú quisieras con el reloj. Por ejemplo, supón que son las nueve de la mañana, justo la hora de empezar las clases, pues no tendrías más que susurrarle al Tiempo tu deseo y el Tiempo en un abrir y cerrar de ojos haría girar las agujas de tu reloj. ¡La una y media! ¡Hora de comer!"
A mi Flor de la Argentina.
Malgasté mi tiempo; ahora
el tiempo me malgasta a mí.
Shakespeare.
![]() |
| "Reloj blando en el momento de su primera explosión" – S. Dalí. |
¿Qué tienes que contar, reloj molesto,
en un soplo de vida desdichada
que se pasa tan presto;
en un camino que es una jornada,
breve y estrecha, de este al otro polo,
siendo jornada que es un paso solo?
Que, si son mis trabajos y mis penas,
no alcanzarás allá, si capaz vaso
fueses de las arenas
en donde el alto mar detiene el paso.
Deja pasar las horas sin sentirlas,
que no quiero medirlas,
ni que me notifiques de esa suerte
los términos forzosos de la muerte.
No me hagas más guerra;
déjame, y nombre de piadoso cobra,
que harto tiempo me sobra
para dormir debajo de la tierra.
en un soplo de vida desdichada
que se pasa tan presto;
en un camino que es una jornada,
breve y estrecha, de este al otro polo,
siendo jornada que es un paso solo?
Que, si son mis trabajos y mis penas,
no alcanzarás allá, si capaz vaso
fueses de las arenas
en donde el alto mar detiene el paso.
Deja pasar las horas sin sentirlas,
que no quiero medirlas,
ni que me notifiques de esa suerte
los términos forzosos de la muerte.
No me hagas más guerra;
déjame, y nombre de piadoso cobra,
que harto tiempo me sobra
para dormir debajo de la tierra.
Pero si acaso por oficio tienes
el contarme la vida,
presto descansarás, que los cuidados
mal acondicionados,
que alimenta lloroso
el corazón cuitado y lastimoso,
y la llama atrevida
que Amor, ¡triste de mí!, arde en mis venas
(menos de sangre que de fuego llenas),
no sólo me apresura
la muerte, pero abréviame el camino;
pues, con pie doloroso,
mísero peregrino,
doy cercos a la negra sepultura.
Bien sé que soy aliento fugitivo;
ya sé, ya temo, ya también espero
que he de ser polvo, como tú, si muero,
y que soy vidro, como tú, si vivo.
el contarme la vida,
presto descansarás, que los cuidados
mal acondicionados,
que alimenta lloroso
el corazón cuitado y lastimoso,
y la llama atrevida
que Amor, ¡triste de mí!, arde en mis venas
(menos de sangre que de fuego llenas),
no sólo me apresura
la muerte, pero abréviame el camino;
pues, con pie doloroso,
mísero peregrino,
doy cercos a la negra sepultura.
Bien sé que soy aliento fugitivo;
ya sé, ya temo, ya también espero
que he de ser polvo, como tú, si muero,
y que soy vidro, como tú, si vivo.
Quevedo.
12 sept 2012
La leyenda de Muchoyó.
Cuenta la leyenda que si repites muchas veces "YO" haciendo el baile del pollo en círculos, aparece Pocoyó de la nada y como un relámpago digievoluciona en Muchoyó, despojando de inmediato al insensato invocador de su inteligencia humana con maquiavélico afán destructivo. No sé por qué me da la sensación de que más de un valiente temerario se la ha jugado desafiando esta escalofriante advertencia... Pero no os preocupéis, mis bravos intrépidos, ya que aún siendo lelos aún os quedan esperanzas, pues cuenta también la leyenda que el único modo de recuperar la inteligencia perdida es viajando hasta otros planetas a lomos de un ceroso elefante rosa llamado Epi mientras hacéis el columpio simultáneamente con dos yo-yós. Nada más que la mejor de las suertes me queda desearos; ¡Fuerza y honor!
Lenguajes de programación.
A veces sucede que las personas no somos capaces de entendernos. Aún hablando el mismo idioma, hay veces que simplemente no podemos comprendernos, como si una gran barrera de confusión se alzara entre nosotros, que nos oímos y hasta nos escuchamos, que nos escrutamos los unos en los ojos de los otros como tratando de adivinar el sentido de ese caos verborreico totalmente indescifrable y sin aparente claridad en que se ha convertido nuestra charla. Es entonces cuando nos sobreviene la rabia, la furia, la frustración que nos asedia con la incertidumbre de si no sabremos expresarnos con la suficiente transparencia o si simplemente nuestro receptor es
Llegados a este punto, algunas personas comienzan entonces a gritar, pensando que al alzar la voz el contenido de su mensaje se hará más claro; otras despotrican ferozmente y agreden verbalmente a su adversario, tratando de minar la seguridad de éste humillando y menospreciando sus argumentos e ideas, y otras pocas se muerden la lengua tratando de ocultar (normalmente sin éxito) su certeza absoluta de que tienen razón y lo que sucede es simplemente que la otra persona es incapaz de comprender la verdad de sus argumentos, corta de miras, y hasta se apiadan de ella, misericordiosos (estos últimos quizás sean los peores, ya que su férrea convicción los hace soberbios e intransigentes; seamos humildes y librémonos del fanatismo, Amén).
Volviendo al principio y resumiendo: Parece ser que hay ciertas personas que pese a tener a su alcance todas las herramientas posibles para comunicarse no son capaces de ponerse de acuerdo ni de comprenderse. ¿Por qué les pasa esto? Mi teoría es simple: Están codificadas en diferentes claves. Quizás compartan algunos símbolos o sean capaces de traducirlos, pero serán tan solo destellos fugaces de comprensión, guiños de complicidad efímeros sobre un abismo insalvable. Otras personas, sin embargo, parecen saber descifrarse con tal soltura que hayan dedicado sus vidas enteras a estudiar sus códigos; entre éstas personas bastarán un par de miradas, un gesto vago, algunas palabras.
Conclusión: Intentemos pensar que existen otros lenguajes de programación (tantos como personas) en vez de dar por hecho que la persona con la que discutimos es lerda, o que lo somos nosotros. Aunque bueno, si al final descubrimos con certeza irrevocable que de verdad es lerda, pues será que lo es, ¡tampoco es cuestión de negar la realidad!
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