Mostrando entradas con la etiqueta Poesía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Poesía. Mostrar todas las entradas

13 sept 2012

A mi Flor de la Argentina.


Malgasté mi tiempo; ahora el tiempo me malgasta a mí.
                                                                                                 Shakespeare.

"Reloj blando en el momento de su primera explosión" – S. Dalí.
¿Qué tienes que contar, reloj molesto,
en un soplo de vida desdichada
que se pasa tan presto;
en un camino que es una jornada,
breve y estrecha, de este al otro polo,
siendo jornada que es un paso solo?
Que, si son mis trabajos y mis penas,
no alcanzarás allá, si capaz vaso
fueses de las arenas
en donde el alto mar detiene el paso.
Deja pasar las horas sin sentirlas,
que no quiero medirlas,
ni que me notifiques de esa suerte
los términos forzosos de la muerte.
No me hagas más guerra;
déjame, y nombre de piadoso cobra,
que harto tiempo me sobra
para dormir debajo de la tierra.

Pero si acaso por oficio tienes
el contarme la vida,
presto descansarás, que los cuidados
mal acondicionados,
que alimenta lloroso
el corazón cuitado y lastimoso,
y la llama atrevida
que Amor, ¡triste de mí!, arde en mis venas
(menos de sangre que de fuego llenas),
no sólo me apresura
la muerte, pero abréviame el camino;
pues, con pie doloroso,
mísero peregrino,
doy cercos a la negra sepultura.
Bien sé que soy aliento fugitivo;
ya sé, ya temo, ya también espero
que he de ser polvo, como tú, si muero,
y que soy vidro, como tú, si vivo.
Quevedo.

4 abr 2010

¿Un hemicraneal?


Hay demasiados ruidos en el mundo.

Demasiados ruidos sordos,

Sin palabras, sin rumbo,

Sin sentido,

Ruidos secos, vacuos, mudos ruidos.


Y me canso de los ruidos que no suenan,

Que resuenan, que retumban

En el fondo del fondo de mis ideas

Ruidos sin voz, que chocan, de lejos,

Solo ruidos.


Quiero escuchar como los árboles arrullan

Los murmullos del viento,

Mientras hojas secas liberadas

Como druidas, breves,

De las ramas caen, ocres, y vuelven a la tierra,

Contando historias, como vidas,

Que contaron las suyas, sin ruido.


Y quisiera oír las voces dulces,

Sobre el ruido, perforando mi cabeza,

Y escuchar más allá, sin oír el ruido continuo del mundo,

La voz serena de tus ojos.


Pero el ruido no me permite hablar,

Continuo, molesto, incansable, reverberante. Entonces,

Lo ignoro, sabiendo que no lo escucho;

Lo oigo, lo aíslo, lo apago.

Se sepulta, de repente, rendido.


Y filtro entre mis labios el sonido de tus ojos,

Lo convierto en música,

En canto, melodía, religión.

Mágico blanco momento en que

Silencian el mundo tus pupilas con mi voz.


"El buque encallado en el Gran Arrecife de Coral podría partirse". Porfavor, que lo saquen YA de ahi, que se parta es lo ultimo que nos hace falta...

29 mar 2010

Elegido por aclamación.

Sí, fue un malentendido.
Gritaron: ¡a las urnas!
y él entendió: ¡a las armas! -dijo luego.
Era pundonoroso y mató mucho.
Con pistolas, con rifles, con decretos.
Cuando envainó la espada dijo, dice:
La democracia es lo perfecto.
El público aplaudió. Sólo callaron,
impasibles, los muertos.
El deseo popular será cumplido.
A partir de esta hora soy -silencio-
el Jefe, si queréis. Los disconformes
que levanten el dedo.
Inmóvil mayoría de cadáveres
le dio el mando total del cementerio.


Ángel González.


De momento, y como sigamos así, de camino vamos: transición a la dictadura de la mano de nani Sgae y tita Menestra de Incultura. Por un pais libre, intelectual...reprimido.


(2 Dias!)

23 mar 2010

¡Cuánto sabe la flor!

¡Cuánto sabe la flor! Sabe ser blanca
cuando es jazmín, morada cuando es lirio.
Sabe abrir el capullo
sin reservar dulzuras para ella,
a la mirada o a la abeja.
Permite sonriendo
que con su alma se haga miel.

¡Cuánto sabe la flor! Sabe dejarse
coger por ti, para que tú la lleves,
ascendida, en tu pecho alguna noche.
Sabe fingir, cuando al siguiente día
la separas de ti, que no es la pena
por tu abandono lo que la marchita.

¡Cuánto sabe la flor! Sabe el silencio;
y teniendo unos labios tan hermosos
sabe callar el "¡ay!" y el "no", e ignora
la negativa y el sollozo.

¡Cuánto sabe la flor! Sabe entregarse,
dar, dar todo lo suyo al que la quiere,
sin pedir más que eso: que la quiera.
Sabe, sencillamente sabe, amor.

Pedro Salinas.