28 may 2014

A ideas oxidadas, neuronas oxidadas.


Hace tiempo que me vengo notando las palabras algo oxidadas en la punta de las neuronas, medio apagadas, medio chisporroteantes de impaciencia y entusiasmo, gritándome "¡Venga, venga, déjanos salir, déjanos salir...!", así que seguramente ya sea hora de echarles un poco de aceite y darles la oportunidad de salir a ver el mundo; al fin y al cabo, ellas lo han querido. Y por eso, aquí estoy de nuevo. Ante todo, como bien me enseñó mi madre, hay que saludar, así que ¡saludos a todos, internáuticos lectores!

...y ahora,  prolegómenos aparte, lo que nos gusta: El despotricamiento. 



EL DESPOTRICAMIENTO.


Qué decir. Qué panorama. Qué momento de mi vida, tan irrelevante para el panorama, pero tan relevante para mi visión y particular percepción de dicho panorama... Recién licenciada, española, joven (guapa, creativa, lista como el hambre, amante de la comida que otros preparan, entusiasta de los puzzles cuando no soy yo quien tiene que hacerlos... ya otro día os cuento mis múltiples virtudes y cualidades, esas que tan inútiles me están resultando para ganarme la vida), en definitiva, una chica normal y corriente, como cualquier otro jovenzuelo de mi edad, con la misma sensación de angustia continua por el qué demonios voy a hacer (y cuándo demonios voy a poder hacerlo) y la desazón también continua del madre mía dónde me he metido.

Supongo (y espero) que no soy la única a la que se le pasan por la cabeza pensamientos como "mis padres a mi edad ya hacía años que vivían juntos", "mi madre a esta edad ya me había tenido", "mi hermano mayor consiguió trabajo a la primera y sin carrera", "antes de vivir en casa de mis padres hasta los 40 me pego un tiro", "no tengo dinero para el billete a Australia ni manera de conseguirlo", etc, etc, etc... Pues sí. Tono tragicómico pero con trasfondo, sobre todo, de terrible desesperación. Con humor o sin humor, creo que si tuviéramos que hablar de un denominador común en esta generación sería sin duda esa desesperación de saber que nos hemos formado durante años para terminar viviendo en este presente incierto, en esta incertidumbre constante del qué va a ser y del qué voy a hacer, en esta sólida resignación de tener que ir haciendo lo que malamente vayamos encontrando, cobrando poco y mal (aunque la mayoría de nosotros hable inglés mejor que el presidente del Gobierno).

Así estamos. Y en este panorama de descontentos generales y tiempo libre indefinido en el que curiosamente el menor de los problemas es que los jóvenes no encontremos trabajo ni ocupación, estamos alimentando algo muy peligroso: las ideas. Y digo peligroso porque estas ideas, la mayoría de las veces, no se basan precisamente en un pensamiento crítico y bien definido, sino más bien en un pensamiento difuso y mediático, mal fundamentado, pobre y superficial. Los jóvenes y los no tan jóvenes tenemos tiempo para informarnos, gracias a Internet, sobre cualquier cosa, pero la mayoría de las veces lo hacemos rápido, mal y según nos convenga. Podemos incluso llegar a convertir una idea en un eje central alrededor del cual añadimos y hacemos girar otras ideas, formando una especie de mecanismo en el que todas las piezas encajan perfectamente... pero, ¿y si la idea que hemos tomado para hacer de eje central fuese errónea o incompleta? ¿Y qué pasa cuando hemos defendido tanto esa idea que llega incluso a convertirse en símbolo de nuestra propia identidad...? Es sorprendente la cantidad de veces que creamos dogmas sin siquiera ser conscientes y sin percatarnos del peligro que esto entraña.

Y en este querer tener ideas lo antes posible y acerca de todo para de todo poder opinar es en mi humilde opinión donde estamos perdiendo la perspectiva del conjunto y de la realidad.

En definitiva: estamos creando una sociedad de sabelotodos que nada saben, de filósofos en 140 caracteres, de opiniones de bolsillo repetidas hasta perder el sentido, de denunciar las incoherencias desde la propia incoherencia, de no saber lo que realmente significa lo que decimos. La formación de opiniones o ideas, más que algo puntual y estático, debería ser un continuo a lo largo de la vida, como algo dinámico que va evolucionando a medida que la personalidad y la mentalidad de la propia persona evolucionan. Deberíamos ser capaces de cambiar de idea cuando nos ponen delante de las narices un argumento que racionalmente tira por tierra todo lo que pensábamos, pero... a menudo nos falta humildad. En cualquier caso, recordad que a las personas con las ideas estancadas, al igual que sucede con los charcos, tarde o temprano se les secan las neuronas.




"Sólo la inteligencia se examina a sí misma"

                   Jaime Balmes




7 mar 2013

Gobierno de imbéciles. Contigo.


Mirad lo que he encontrado esta mañana:




"Artículo 179. Otras normas.
1. Los ciclistas estarán obligados a utilizar cascos de protección homologados o certificados según la legislación vigente (...)"

Conclusión: Probablemente se suprima nuestro derecho y libertad a elegir si llevamos o no un maldito champiñón de plástico en la cabeza con el que no está de acuerdo ni la Federación Española de Ciclismo.

Gracias, querido Gobierno, por preocuparte por mi salud exigiéndome usar casco mientras me las haces pasar putas para poder terminar de pagarme la carrera, por haberme convencido de que si quiero conseguir vivir con algo de independencia va a tener que ser largándome de mi ciudad y probablemente de mi país, y de trabajo mejor ni hablo (aún teniendo, y como yo otros miles, con menos de 25 años un CV seguramente más completo que el de muchos de tus integrantes, que hasta el pelo tienen todavía alborotado de la electricidad estática del enchufismo de sus puestos), y en caso de caerme de la bici y romperme la cadera... No tengo suficiente conocimiento ni información sobre el panorama de la sanidad pública en España a día de hoy como para poder permitirme emitir un juicio sobre lo que pasaría con mi operación de cadera, así que mejor paro aquí, no vaya a ser que desprestigie el resto de cosas que he dicho y les reste veracidad. 

No quepo en mi del gozo y la gratitud y la amarga ironía que se me desborda hacia el sistema que rige este magnífico país cada vez que escucho alguna de sus maravillosas nuevas ideas.... Este país en el que el clima es una bendición y la comida más aún, pero que está gobernado por imbéciles que no ponen orden ni concierto en sus prioridades, y que me obligan a renegar, y a emigrar, hasta por vergüenza y cuestión de principios ya casi, y como a mi a otros miles de jóvenes con sueños que priorizan muy por encima de una buena comida y un sol radiante.


PD. No me da la gana de ponerme casco.

PD2. Si se aprueba definitivamente esta inteligentísima medida la gente se animará aún menos a  coger las bicis, algunos quizás incluso dejarán de usarla, y habrá más coches, más atascos, más humo (y malos humos), más ruido. Una vez más: Bravo, y gracias.




“Cuando veo a un adulto en bicicleta, no pierdo las esperanzas por el futuro de la raza humana”
H.G. Wells

26 feb 2013

(in) Coherencia


Ayer, de camino a casa al ritmo tintineante del hierro suelto de mi bici y la cadencia amable de la voz que me acompañaba, me venía planteando una serie de preguntas que me gustaría compartir con vosotros. Preguntas que han desembocado en reflexiones que mal le van a pesar a los dioses del capitalismo, y que con alegría amarga me la traen al pairo, blasfema y pagana que soy aun sometida a sus dominios. Voy a intentar sintetizar mi pensamiento caótico con un hilo conductor que plasmaré con el tema "coches". En esta ocasión las cifras son menos importantes que el mensaje de fondo, porque los números dicen menos de lo que vais a poder apreciar con vuestros propios ojos, pero os las dejo igual, porque valen la pena. Empiezo con mi disertación verborreica del día; pasen y vean, ladies and gentlemen, pónganse cómodos y abróchense los cinturones!

En 2009, China produjo más de 13 millones de coches. 13.790.994, para ser exactos. Japón casi 8 millones, seguidos de EEUU y Alemania, que se situaban ya por encima de los 5 millones. Según datos de la OICA, la suma mundial total de vehículos (no sólo coches, sino también vehículos comerciales tipo furgonetas, camiones, remolques, etc.) producidos en el 2011 rondó los 80 millones (http://oica.net/category/production-statistics/). Aparte de esto, mirad lo que he pescado por la red:

"En 2010 la producción mundial de automóviles se situó alrededor de 74 millones de unidades, lo que se traduce en un incremento del 23% en comparación con las cifras de 2009, según un informe de Ernst & Young sobre el sector de automoción"
http://www.elmundo.es/elmundomotor/2011/02/14/empresa/1297703763.html
"En 2012 la producción mundial de automóviles se elevará a 79,4 millones de unidades, lo que supondrá un incremento del 6,3% en comparación con los 74,7 millones de unidades contabilizados en 2011, según un informe sectorial de PwC."
http://www.elmundo.es/elmundomotor/2012/01/16/empresa/1326738748.html

"La producción de vehículos en las plantas españolas sumará el próximo año 2013 2,2 millones de unidades, lo que supondrá un aumento del 11% respecto al 2012 según estimaciones de la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones (Anfac)" http://www.elmundo.es/elmundomotor/2012/12/26/empresa/1356534808.html

"Las previsiones para el 2013 indican que en China se fabricarán alrededor de 19,6 millones de automóviles, frente a los 18,3 millones que se producirán en Europa"
http://www.cadenadesuministro.es/noticias/uno-de-cada-cuatro-vehiculos-fabricados-en-el-mundo-en-2013-sera-chino/

Bien. Antes de que os sigáis preguntando de qué va todo esto (¿Te has vuelto loca ya? -Me preguntáis- ¡Ya os he dicho que si! -Os respondo una vez más-), ya voy llegando a donde yo quería, no os preocupéis. Las cifras nos sitúan por tanto en casi 80 millones de coches. Anuales. Y subiendo. Aun considerando sólo los últimos 3 años (2010, 2011, 2012) y excluyendo al 2013, por jovenzuelo, nos colocamos en un total de unos 240 millones de coches (redondeando a la alta, si; podemos dejar la estimación en unos 200 millones para que no nos pueda acusar nadie de alarmistas ni sensacionalistas y santas pascuas, si lo preferís; a vuestras preferencias mentales dejo la elección).

"En el mundo hay un vehículo cada siete personas. Eso asegura una investigación de Ward, que analiza los informes de población de cada gobierno, los registros de vehículos y las tendencias históricas. Sus datos arrojan un número total de vehículos en funcionamiento de más de mil millones de unidades en 2010. El aumento es del 3,6% desde el año 2000" http://noticias.coches.com/noticias-motor/cuantos-coches-hay-en-el-mundo/41907

Ya hemos superado los 7 mil millones de personas en el mundo, y como habéis podido leer hace ya 3 años se estimó que había un vehículo por cada 7 personas. Actualmente debe de haber bastantes más. Y no voy a hablar de teléfonos, ordenadores, cacharros electrónicos varios, ropa, caprichos, bla, bla, bla.  Si tenemos en cuenta otros datos menos mecánicos que afirman que el 20% de la población mundial retiene el 90% de las riquezas totales, que casi 3 mil millones de personas sobreviven con menos de dos dólares al día, que uno de cada cinco niños no tiene acceso a la educación primaria o que todos los días mueren hasta 30.000 niños por causas evitables... En fin. Y no voy a tocar cuestiones medioambientales, ecologistas ni de desarrollo sostenible. Hoy no vengo con moralejas ni sermones más allá de los que pueda haber dejado implícitos; os dejo con el realismo distante de los datos y las estadísticas, que ya es bastante, y que cada uno los use como mejor le parezca. Aunque sí que os animo a preguntaros qué necesitáis realmente, y a plantearos por qué. Si queréis profundizar en estos datos, hay referencias al respecto en muchísimas páginas, pero os recomiendo el Banco Mundial (http://datos.bancomundial.org/tema/pobreza), o también podéis decírmelo y estaré encantada de despotricar para vosotros en entradas venideras. Y recordad,



"La información es poder"

F. Bacon



17 feb 2013

Oda al cegato.


A ti, miope, que no ves un pijo (ni aun al caballo de Ralph Lauren montado). A ti, que no ves tres en un burro, ni tres camiones con burros. A ti, si de hecho podrías confundir a los burros con los camiones. A ti, gafiruli, cuatrojos, cegato, rompetechos; a ti, gafotas, que te levantas por las mañanas y antes de poner los pies en el suelo ya tienes las manos sobre las gafas. A ti que no me ves si no es a través de unas lentes, aun si pupilentes. A ti que a través de hasta los más sucios cristales has aprendido a mirar. A ti que quizás has sufrido el infarto de corazón junto a los cristales rotos y la ira de tu madre furibunda. A ti que aguantabas con resignación los colirios y con orgullo lucías pupilas ciclópeas. A ti que aliviado y con ilusión recibiste la noticia de aquellos nuevos cristales reducidos y antireflectantes que te libraban de usar culos de botellas. A ti te quiero ver, Bartolo. A ti te veo.

Sin embargo a ti, que llevas gafas con cristales sin graduar, o aún peor, sin cristales, ni verte quiero. Y si te veo que sea para presenciar como te chocas contra alguna farola porque el grosor de la montura de tus gafas de adorno a la última moda te haya quitado la suficiente visión periférica como para que yo disfrute del suceso. Me quito las gafas en tu presencia para borrarte de mi vista, gafapasta de inmerecido renombre. A ti no, por absurdo y borrego desagradecido a la vida y la vista.

Pero a ti, mi querido cegato, a ti te diré algo: Ojos que no ven, lentes divergentes o convergentes con mayor o menor grosor que suplirán su defecto. No estás sólo, tienes gafas (así, en eterno plural, que acompañan más). Dicen de los ojos que son ventanas que dan al alma, y tú, mi querido defectuoso de la retina, tienes la opción de ponerle unas buenas cortinas. Aprovecha.



"Cierra los ojos y verás"

P. J. Joubert


16 feb 2013

Just one more story among the stars.


07:00 UTC, Rigel.

Mientras la mente buscaba soluciones a velocidades de vértigo, el estómago se encogía ante la inminente despedida, imposible de eludir. El reloj contaba los minutos. Las alarmas se disparaban en su labor bienintencionada recordando la proximidad del vuelo, las olas rompiendo en la orilla de las pestañas. Un suplicante “Vente conmigo” cae en susurros entre los besos, y tras el salto de pértiga de los corazones al galope, un esperanzado “si” responde en la oscuridad, confiando en la veracidad de la súplica. Se besan.


13:00 UTC, Aldebarán.

Al cabo de unas horas bajan de la nave cogidos de la mano, cansados, sonrientes, victoriosos habiendo derrotado al tiempo (ilusos a contrarreloj). Bajo las sonrisas se esconde la amargura leve que predice ya el siguiente asalto. La distancia que salvan sus manos la ensanchan los minuteros, que aun lentos, corren. Al otro lado del mar, se besan.

Los días antes del siguiente adiós se acaban con violencia los besos a orillas del mar. Las olas rompen con fuerza, desbordándose las dudas en tormentas. La realidad es irreal, y aún más incierta que la fantasía, emerge y destruye el escenario del teatro. Ardiendo el telón, termina la función. Bajo las cáscaras vacías de las ilusiones rotas asoma la verdad, blanca como la nieve. El sol de la mañana abrasa la piel, ya azul. Hace frío.

Días después, ella cruza los mares de nuevo, en sus manos vacías el corazón lleno.


00:00 Hora Zulu, La Tierra.

Fundiendo la nieve las estrellas quedan los besos rotos a las orillas del mar.
El informe reza que la matriz extracelular regeneró correctamente el tejido del miocardio.





"No quedará en la noche una estrella. 
No quedará la noche. 
Moriré y conmigo la suma 
del intolerable universo. 
Borraré las pirámides, las medallas, 
los continentes y las caras. 
Borraré la acumulación del pasado. 
Haré polvo la historia, polvo el polvo. 
Estoy mirando el último poniente. 
Oigo el último pájaro. 
Lego la nada a nadie."

J. L. Borges

28 ene 2013

Respect not found. Insert coin (I)


Aviso: Peligro de despotricación. Aunque en modo historia, que parece así que la sátira le quite hierro al asunto -craso error-. Quien se sienta ofendido ya sabe donde está la cruz roja para cerrar la página; hay gente muy sensible hoy en día. No me gustan los eufemismos. Con esta introducción en la que ya entro luciéndome, maja y agradable que puedo llegar a ser, a quien me quiera seguir leyendo, le pongo en situación de esta obra de teatro que voy a proceder a pincelar:


"LA ESPECIE BOBA
Tragicomedia deste año 2013


PERSONAS DE ESTE ACTO

-José Ignacio Wert Ortega, ministro de Educación, Cultura y Deporte de España, y más allá, persona de 62 años, licenciada en Derecho por la Complutense con premio Extraordinario y diplomado en Sociología Política por el Instituto de Estudios Políticos. Fue director de relaciones corporativas del Grupo BBVA, entre otras cosas.

-Miguel Ángel Celdrán Matute, alcalde de Badajoz desde 1995. Ingeniero técnico industrial y director y profesor titulado de autoescuelas de conductores. Como persona escondida bajo la figura del político, tiene 73 años, está casado y tiene tres hijas, tres nietas y un nieto. Se rumorea que le gusta buscar en los fondos de las botellas (¿qué buscará...?).

-José Antonio Monago Terraza, presidente de la Junta de Extremadura y del Partido Popular de Extremadura. Con 47 años, hay que destacar su participación en la selección extremeña de balonmano, su puesto actual como Jefe de Sección del Cuerpo de Bomberos y la fundación a su cargo de la ONG "SOS Extremadura". Entre otras cosas, cursó Derecho en Cáceres, doctorándose con sobresaliente en la Universidad de Salamanca.

-El pueblo (pese a esta autodenominación, debo aclarar que aunque no lo parezca, esta historia NO es El Príncipe de Egipto y de hecho se desarrolla en pleno siglo XXI). Pequeños universos condensados en poco más de kilo y medio de tejido neural. Miles de historias que contar por cada neurona chisporroteante; risas, amor, sueños, miedos, gestos. Mil maneras distintas de andar y mil timbres de voz, también distintos; mundos enteros por descubrir, únicos todos en su individualidad, reunidos momentáneamente en una sinergia de voz sin identidad alguna. La voz del pueblo no es la voz de una persona que lidera, ni tampoco es muchos universos juntos. Es un solo universo, al que otras veces he oído nombrar como “las masas”. No se puede saber si a esta masa le gustan las mandarinas o no, por ejemplo, o si disfruta más leyendo novelas históricas o de fantasía. La paradoja radica en que que siendo el humano un animal sociable, y estando el pueblo integrado por estos humanos, éstos corren el riesgo de perder su identidad individual al formar parte de esta masa.

-Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Pequeños universos condensados en poco más de kilo y medio de tejido neural. Miles de historias que contar por cada neurona chisporroteante; risas, amor, sueños, miedos, gestos. Mil maneras distintas de andar y mil timbres de voz, también distintos; mundos enteros por descubrir, únicos todos en su individualidad. Todas estas historias individuales quedan ocultas bajo un uniforme, como el pueblo queda oculto bajo el pueblo."


De momento voy a dejar aquí todo este cacao lopeveguiano; esto fue lo que escribí antes sobre la marcha, enfurruñada como un mono (os cuento para que no andéis tan perdidos: Inauguración de una biblioteca pública en Badajoz city, marabunta de gente furiosa, gritos de odio, políticos pasándoselos por el forro y esas cosas, y como siempre, yo en todos los berenjenales en primera fila); si me pongo a transcribir las cosas que apunté en la manifestación en el móvil de un amigo y que me han llegado al whatsapp hace un rato, no acabo hoy. Lo dejo para la siguiente entrada, sintiendo mucho dejaros a medias (ya que esto apenas si llega a introducción), pero a la vez segura de que me agradeceréis en parte amenizaros la lectura de semejante texto quijotesco que me iba a quedar como me diera por ponerme a refunfuñar y divagar. De todos modos, ya os digo que para paliar esta dosis de realidad lastimosa y deprimente que me he metido hoy para el cuerpo voy a necesitar mucho, pero que mucho chocolate, y salir a correr. Tres horas. Al campo profundo. Y ciencia. Y estrellas. Y música. Y Michael Ende. Y Twitter. Y un buen mojito. Hay gente muy sensible hoy en día... Por desgracia, a veces yo entre ellos.


                                                                                           Fdo.:
Absurd Melan Colidealist


Escoger el propio tiempo es ganar tiempo.


Entonces, si viajo en el tiempo, ¿puedo volver a comerme a la vaca que me cené anoche una y otra vez y nunca se extinguirá? ¿puedo casarme con alguien a quien mataron antes de ayer? ¿podrías a lo mejor tener como hijo a algún antepasado tuyo? ¿evitaría la muerte del perro, o al rato sería atropellado por otro camión?

Y tú, persona, aún si la más excéntrica, dime, ¿maneja algún tipo de hilo invisible tus pasos? ¿está pintado el camino de tus huellas con tinta antigua? Dime si es tu destino decidirte a saltar o no hacerlo.

Si entonces tú no definieras por completo tu destino (yo soy yo y mis circunstancias)...

...sería el destino por tanto una cuestión social? ¿Y si fuera social, qué tendría que ver con uno mismo? ¿y qué es uno mismo entonces? ¿hay acaso un único "uno mismo" mundial alimentando siete mil millones de vidas errantes?

Entre la sencillez y la mediocridad la linea es radiactiva.



Retazos de palabras vestigiales.


El problema. El verdadero núcleo del problema. El problema al desnudo, sin pintura, sin capas, sin ropa, sin piel. Estoy buceando más allá de la piel, sin aire y a ciegas. No veo el problema ni la solución. A mitad de camino la ausencia de aire te aplasta los pulmones; te asfixia. Te fuerza a escoger un rumbo, y piensas que lo mejor es volver (ya que conoces el camino por donde has venido). Y frenas; el miedo a avanzar te paraliza en medio de la nada. Flotas inerte y te mareas, el malestar enredado a la cola de tus neuronas. Pero avanzas, aún sin rumbo y sin percibir la luz (sin el indicio de un sólo rayo que te indique hacia dónde seguir).

De nuevo miras más allá, buscando (los pulmones comprimidos), exhausto. Finalmente tratas de respirar tan profundo como puedes, rendido, y todo estalla en un golpe de tos seca, la tensión desvaneciéndose de cada fibra muscular, los movimientos torpes, automáticos, aún bloqueados, y aún sin luz por fin ves más allá (decepción, resentimiento, culpa, anhelo, miedo, resignación, incertidumbre). Tratas agotado de enfocar la dirección, pero te sientes romper (cada sensación atrapándote y tirando de tu cuerpo en todas direcciones a la vez).

No te sientes mejor escupiendo burbujas de tinta, ni respirando el aire helado que resultó ser el agua en la cual te ahogabas. Pero por un segundo vislumbras la tenue luz del sol.

15 ene 2013

La escuela de magia.


Hoy he tenido un berrinche de estos míos que me dan por vivir en Yupilandia y no saber aterrizar en la realidad sin ralentizar a tiempo antes de tocar el suelo. Esto me ha llevado a una hibernación mental rápida en la que con mucho esfuerzo y tras una recaída de mi maravilloso Alien-contractura (que por cierto os manda saludos; educación ante todo, mal le pese a Wert) he conseguido calmarme, y decidirme a compartir con vosotros (todo sea dicho, el último empujón se lo debo a  @TonyFate13, aprendiz apuesto de Merlín) un fragmento de un cuento de mi adorado Michael Ende. En este cuento los niños acuden a una escuela de magia, en Deseolandia, donde aprenden trucos varios y... Leedlo, vale la pena. Creo que hoy encaja mucho mejor esto que mi disertación en tono de crítica ácida sobre por qué todo en esta vida ha de ser evaluado (esto lo dejamos para otro día; hoy toca magia, porque la ilusión es gratis y el sol sale para todos). Sin más dilación, me centro en lo que os quería intentar transmitir (disfrutad de cada palabra como si fuera miel tibia, que bien lo merece, y pensad en vuestros verdaderos deseos):

"Deseolandia es ese país en el cual desear aún sirve de algo. Para ir a la escuela de magia, uno tiene que poder desear algo con muchísima constancia y muy fervientemente. Aquél que quiera hacer magia tiene que poder dominar y aplicar su capacidad de desear. Pero, para eso, primero tiene que conocer cuáles son sus verdaderos deseos y aprender a manejarlos (...)

-En realidad lo único que hace falta es conocerlos de verdad, abierta y sinceramente, pues todo lo demás podría decirse que viene por sí solo. Pero no es tan fácil, ni mucho menos, averiguar cuáles son de verdad los propios deseos. Solamente puede encontrarlos quien vive su propia historia.

-¿Su propia historia? –preguntó Mali- ¿Es que cada uno tiene una?

-No cada uno, ni mucho menos –respondió suspirando el profesor-, aunque aquí, en Deseolandia, salimos relativamente bien parados. Pero fuera de aquí, en el mundo cotidiano, la mayoría de la gente jamás vive su propia historia. Tampoco le conceden ninguna importancia a eso. Lo que hacen y lo que les ocurre lo podría hacer cualquier otro y le podría ocurrir a cualquier otro ¿No es así? –dijo volviendo su mirada hacia mí, que estaba en el último banco.



Asentí, sorprendido, y me puse un poco colorado.

-Y por eso –añadió el señor Silber retomando su discurso- jamás se les ocurre descubrir sus verdaderos deseos. Uno piensa, por ejemplo, que le gustaría ser un médico famoso, o un profesor de Universidad, o ministro, pero su verdadero deseo, que él no conoce en absoluto, es ser un simple y buen jardinero. Otro piensa que le gustaría ser rico o poderoso, pero su verdadero deseo es ser payaso de circo. Y como los deseos ajenos son de historias ajenas, ellos jamás viven su propia historia. Y por eso, naturalmente, tampoco pueden hacer magia"


Y recordad:

1. Sólo puedes desear realmente aquello que consideras posible.
2. Sólo puedes considerar posible aquello que forma parte de tu historia.
3. Sólo forma parte de tu historia aquello que verdaderamente deseas.


"Por supuesto que querías; si no, no hubiera ocurrido. Sólo que tú mismo no sabías que ése era tu deseo"


11 ene 2013

La guerra es la paz.


A ti, que caíste por mí, sin yo saberlo,
y a mis lágrimas, que sin tú saberlo, por ti caían.



Atraviesas con firmeza el escenario.
Con seguridad, la cabeza alta,
Los ideales claros como cielo despejado.
Quizás algún pensamiento tembloroso...

No vacilas.

Y al final volamos juntos,
Yo hasta tu momento, tú hasta mi mente.
Y nos encontramos, fugaces. 
Y te devolví a la vida.

Por la noche a las estrellas te miré en los ojos.


24 dic 2012

El hígado de Perry.


Hablando con un buen amigo mío acerca de (CHAN CHAN) sentimientos (Lo sé: ¿WTF? He de mencionar que esto no es nada habitual, ya que nuestras conversaciones suelen derivar siempre en divagaciones tales como lagartijas anémicas, la bella y graciosa moza que marchose a lavar la ropa etc., tecnocracias utópicas, y cervezas, al final siempre salen las cervezas… Y me reafirmo en que no me gusta la cerveza, demontre, ¡que no!). Pues lo dicho, estaba yo pensando…

…mostrar sentimientos. Mostrar sentimientos (hasta la palabra es ñoña; de hecho, tengo la sensación de que cualquier frase en la que pongas esta palabra, se hará ñoña, como por arte de birlibirloque. ¿No os lo creéis? Voy a hacer la prueba, y así os lo demuestro y me quedo tranquila:

 1.-La mandarina es naranja.
 2.-La mandarina tiene sentimientos naranjas.

¿Lo veis? ¡Ñoño, os digo! Entrañable también, si, la mandarina es majísima, lo sé... pero como os decía: Sobre todo, es ñoño).

El caso, que me voy por las ramas, para no variar. Para no hacer esto tan… ñoño (necesito un diccionario de sinónimos: Santa Claus, si estás ahí… ¡Ya sabes, hoy es el día propicio!), voy a plasmarlo en una historieta, donde hígado significará sentimientos (dándole este toque un poco visceral me creo que le quito ñoñez al asunto). Ahí que os va:

“No puedes compartir tu hígado con cualquiera. Tienes que tener primero la certeza de que la persona con la que estás compartiendo tu hígado es especial, que lo merece, que se lo ha ganado, (si ha tenido cirrosis, por ejemplo, corres el riesgo de que destroce tu hígado del mismo modo que hizo con el suyo).

Esto lo sabía muy bien Perry, aunque ni Perry lo supiera. Y es que Perry, durante toda su vida había compartido su hígado con todo tipo de personas, que se habían reído de que su forma no era lo suficientemente triangular, de que su color era demasiado intenso o de que su textura no parecía ajustarse a los cánones del Hígado dictados por la sociedad en que Perry vivía. Así que Perry, triste porque las otras personas no habían sabido apreciar su hígado, un buen día se levantó y dejó de compartirlo, sin más. Os diré con ojo clínico que Perry tenía un hígado especialmente bonito: Voluminoso, brillante de vitaminas, rojo como un rubí. No hace falta que os diga que las personas que no habían sido capaces de apreciar esto eran un poco inexpertas e inmaduras, con un ojo clínico pobremente desarrollado.

Pasaron muchos años, y el precioso hígado de Perry fue quedando en el olvido, recluido y confinado en su interior. Perry no se daba cuenta, pero su hígado latía por ser compartido. Se sentía triste, y su color rojo rubí brillaba cada día un poco menos: Se estaba volviendo un hígado apagado (a los hígados, que a veces toman conciencia de sí mismos y parecen tener vida propia, les gusta mucho de vez en cuando salir a dar un paseo; son presumidos y, aunque huidizos, tienen buen corazón y aprecian la calidad cálida de otros buenos hígados brillantes; los hígados, amigos míos, y esto es algo muy importante que debéis saber y no podéis olvidar, brillan más y más con cada hígado afín en el que se ven reflejados, henchidos de orgullo y esperanza, más rojos y brillantes que nunca).

Así que un día, Perry tuvo un colapso hepático, y fue al hospital, sin saber muy bien qué le pasaba. Por suerte (démosle un buen final a nuestro amigo Perry, ahora que ya he contado lo que quería contar), allí encontró a una enfermera con un hígado resplandeciente, brillante por compartir sus preciosos hepatocitos lindamente hexaédricos, que finalmente consiguió con sus fuertes células de Kupffer (esto, queridos lectores, como inciso y excusa para que aprendáis un poco de histología [no sé por qué me ha dado por ahí, pero bueno, nunca está de más saber algo nuevo], son macrófagos, es decir, los duendecillos [no son duendecillos, son células, pero ya sabéis que estoy tarada y escribo lo que me da la gana que para algo es mi blog] que se encargan de limpiar todas las cosas malas y envejecidas, en el caso del hígado de Perry, los malos recuerdos, los miedos, las experiencias feas, los eritrocitos viejos…), pues eso, que nuestra buena enfermera, con sus fuertes células de Kupffer y la más sincera de sus sonrisas, consiguió iluminar de nuevo el hígado de Perry, reparando sus heridas y enseñándole las maravillas de compartir el hígado con quien realmente así se lo merece y es capaz de apreciarlo. Y esta es la historia del hígado de Perry”


Moraleja: 
No compartas tu hígado con alguien que tiene cirrosis, 
o si acaso, cúrale la cirrosis primero.

21 dic 2012

El verdadero fin del mundo.


Hoy vengo calentita aún con el fresqui que hace y dispuesta a repartir a diestro y siniestro, así que quien tenga un buen día de la alegría en Yupilandia y no quiera sumirse en pensamientos reales la mar de deprimentes, que no siga leyendo; yo ya os lo he advertido. Aunque claro, también podéis seguir leyendo para disfrutar de mi natural y graciosa dialéctica, y pasaros el contenido por el forro. Luego un buen trozo de turrón de chocolate, y como si nada, como viene siendo costumbre (me lo aplico, no os preocupéis; mejor comerse un buen trozo de turrón de chocolate que tirarse por la ventana). Y os preguntareis: “Pero mi querida muchacha, ¿qué cable se te ha cruzado ahora para venir de un humor tan agrio y qué haces que no estás saltando por los bosques?” Pues os lo voy a contar, y os aguantáis, que el blog es mío y escribo lo que me da la gana. He dicho.

El caso es que vengo de dar una vuelta nada agradable ni alegre (gracias música por amenizarme el suplicio) por el centro de la ciudad, tan navideño y jolgorioso y lleno de adornos y luces, hasta los topes de despreocupadas personas que felices terminan de conseguir sus últimas compras navideñas (me guardo para otro día la diatriba del “¿Por qué regalamos cosas en navidad?” con base neurológica y todo, si queréis). Y entre esa multitud estaba yo, con la misma finalidad, para qué engañaros (intentaba conseguir regalos y, como anecdótico y por mi naturaleza de persiana [que se enrrolla], diré que me he vuelto con las manos vacías y veremos si no me toca repetir mañana tamaña hazaña, toma rima).

El caso es que mientras andaba entre esa multitud, no he podido evitar fijarme en la cara triste del hombre del acordeón, que envuelto en su abrigo y con la bufanda hasta la nariz tocaba un villancico amargamente alegre nada a juego con su expresión, y en la señora que con un vasito de plástico pedía unas monedas en la puerta de una pastelería, y en el señor que aguantaba impasible durante horas (lo sé porque seguía con la misma postura cuando he vuelto a pasar a su lado) arrodillado sosteniendo una bandejita (cuando yo he pasado, los chicos de delante se han chocado contra esta bandejita y el hombre, como un árbol, se ha mecido por un momento hacia el lado con la inercia para enseguida volver a su posición, indiferente. La bandejita estaba vacía, por cierto).

Y es que, al margen de estas pequeñas desgracias individuales que parecen no afectarnos mientras caminamos cargados de bolsas con regalos y bollos recién horneados, por lo visto el Ayuntamiento de mi actual ciudad de residencia se ha ahorrado 9.700€ en iluminación navideña este año. Parece ser que “el consumo eléctrico por el alumbrado de Navidad será de 124€ diarios, gastándose en total 4.741€ (el año pasado fueron 14.449€)”. Aquí la noticia: 

http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/badajoz/el-ayuntamiento-de-badajoz-ahorrara-9-700-euros-en-su-iluminacion-navidena-que-sera-100-led_696170.html

A mí todo esto del ahorro energético me parece muy bien, pero aún y con todo me lleva a preguntarme… ¿Por qué está tan mal organizado todo? ¿y por qué nos quedamos todos tan callados? (Esta última creo que me la sé: Involucrarse en los problemas del mundo real significa correr el riesgo de volverse loco o un amargado al ver que no somos capaces de cambiar nada… Humor ante eso). El caso, habiendo gente pasando frío y hambre en la calle, y algunos hasta en sus casas, ahora más que nunca, ¿Es realmente más importante alumbrar las calles para envolver en un tono de falsa alegría una celebración tan inútil y sin sentido que invertir ese dinero en cosas más importantes y menos frívolas? Con 4000€ de sobra le daría al Ayuntamiento para organizar un buen banquete público y gratuito al que estuvieran invitadas todas aquellas personas que quisieran asistir (mejor me callo respecto a qué narices va a hacerse con los 10.000€ que se han ahorrado este año). Una comida caliente, con un buen postre; un buen festín de Navidad (tanto que se nos llena la boca en estas fechas con esta palabra que tan poco sentido parece tener) para todos aquellos que quieran disfrutarla. Sé que ya existen comedores sociales y demás, pero obviamente, no es suficiente. 

Y me pregunto, si esto se me ha ocurrido a mí dando una vuelta por la ciudad, ¿de verdad no se le ha ocurrido algo parecido a ningún político? ¿O será que si comes muchas gambas y puedes comprar regalos sin tener que mirar los precios no te planteas estas cosas?


El silencio te puede hacer invisible, pero la multitud también.



16 nov 2012

La maldita raza humana.


El artículo de Mark Twain que transcribo a continuación (titulado La maldita raza humana) fue censurado en la época de su publicación. Me parece una obra maestra de la ironía, que como tal debe ser debidamente apreciada. Aquí os lo dejo para que lo disfrutéis:

"A partir de entonces y durante casi otros treinta millones de años la preparación avanzó con energía. A partir del pterodáctilo se desarrolló el pájaro; a partir del pájaro el canguro y, del canguro, los otros marsupiales; de éstos, el mastodonte, el megaterio, el perezoso gigante, el alce irlandés y todos aquellos animales de los que se pueden obtener útiles e instructivos fósiles. Luego sobrevino la primera gran glaciación y todos retrocedieron ante ella y cruzaron el puente del estrecho de Bering y fueron rodando por Europa y Asia hasta morir. Todos, excepto unos pocos, para continuar la preparación. Seis glaciaciones, con períodos de dos millones de años entre cada una de ellas, acosaron a aquellos pobres huérfanos por todos los rincones de la TIerra, con climas extremos, desde un calor tropical abrasador en los polos hasta heladas árticas en el ecuador, que se iban alternando, sin saber nunca cómo sería el siguiente cambio climñatico. Y si en alguna ocasión se establecían en algún punto determinado, todo el continente se hundía debajo de ellos sin previo aviso y tenían que tratar el sitio a ocupar con los peces y resolverse hacia el lugar donde había estado el mar, y sin apenas un harapo seco con que cubrirse. Y cuando todo volvía a la normalidad, un volcán entraba en erupción y los expulsaba del lugar en el que habían estado viviendo. Llevaron esta vida errante y molesta durante veinticinco millones de años, la mitad del tiempo en el mar y la otra mitad en la tierra; y preguntándose siempre por qué, sin sospechar, naturalmente, que era una preparación para el hombre y que tenía que hacerse así o no habría ningún lugar adecuado y armonioso para cuando él llegase. Y por fin llegó el mono y era fácil ver que el hombre ya no estaba lejos. Y así era en verdad. El mono continuó desarrollándose durante casi cinco millones de años y luego se convirtió en hombre, bajo todos los aspectos.

Y ésta es la historia. El hombre ha estado aquí desde hace 32000 años. El que fueran necesarios cien millones de años para preparar el mundo para él demuestra que es para eso para lo que fue hecho. O así lo supongo yo; no sé. Si la Torre Eiffel representase la edad de la TIerra en la actualidad, la capa de pintura en el saliente del pináculo de la parte superior sería el período de tiempo transcurrido desde la aparición del hombre. Y nadie repararía, o así creo yo, en que la torre había sido construida para sostener aquella capa de pintura."

8 nov 2012

Fragmento de "El error de Descartes", de Antonio R. Damasio



"La distinción entre enfermedades "del cerebro" y "de la mente", entre problemas "neurológicos" y problemas "psicológicos" o "psiquiátricos", es una desafortunada herencia cultural que impregna nuestra sociedad y nuestra medicina. Refleja una ignorancia básica de la relación entre cerebro y mente. Las enfermedades del cerebro se consideran como tragedias infligidas a personas a las que no se puede culpar por su condición, mientras que las enfermedades mentales, especialmente las que afectan a la conducta y a la emoción, se ven como inconveniencias sociales de las que los que las sufren tienen que responder en gran medida. Los individuos tienen la culpa de sus fallos de carácter, su modulación emocional defectuosa, etc; se da por supuesto que el principal problema es la falta de voluntad (...)"


¿Conoces la historia de Phineas Gage?

15 sept 2012

De derechos, novelerías y otros cuentos comerciales.


Hoy os traigo una historia. Hace un par de días han inaugurado en mi ciudad, Badajoz, un centro comercial bastante grande: 66.000 m2, 20.000 dedicados a los 97 establecimientos abiertos (para dar una idea, el madrileño estadio Santiago Bernabeu cuenta con 7.500 m2, y Xanadú, el centro comercial más grande de Europa, con 135.000 m2). Obviamente tal suceso es un evento más que digno de celebración y revuelo social, no sólo por parte de los pacenses sino también de los cacereños, emeritenses, gente de todos los pueblos circundantes y no tan circundantes (quizás se dejen ver incluso algunos andaluces) y por supuesto portugueses (se calcula que el área de influencia es de unas 500.000 personas y que a la larga las compras de los portugueses representarán hasta un 20% del total). Pese a que Badajoz es una ciudad histórica, bonita y tranquila, el turismo no es uno de sus puntos fuertes (más por dejadez y fomento nulo por parte de la presidencia que por otra cosa), por lo que la inauguración de "El Faro" va a darle el empujón que tanta falta le hacía.

Los futuros beneficios económicos son más que evidentes (tras una inversión de 185 millones de euros y con la que está cayendo, más vale), pero el caso es que no pretendía contaros la bella historia del impulso turístico de Badajoz ni de cómo se generaron ocio y puestos de trabajo entre la población y todos vivieron felices y comieron perdices; no. 


Quería contaros cómo hoy ha habido una manifestación en Madrid para protestar contra las reformas y en las noticias me han informado mucho más sobre el cumpleaños de la princesa Letizia que sobre la protesta. Quería contaros cómo he ido a la Universidad, que (fallo) está de camino al centro comercial, y me he comido un atasco de media hora al volver a casa, atrapada entre gente con bolsas y más bolsas que volvía de hacer sus compras en Primark. Quería contaros cómo se me ha encogido el alma cuando he leído en el periódico un titular que rezaba “Carreras, gritos y empujones para ser los primeros en comprar”. Como si de catetos que nunca hubieran visto un centro comercial se tratase, y cómo si el país no se estuviera hundiendo mientras tanto en la más dramática de las ruinas. No quiero ser hipócrita; soy la primera que va a ir a echar un vistazo al centro comercial en cuanto se calme la cosa y adelantándome a la crítica: No, no he ido a la manifestación en Madrid hoy. Pero aún así digo, ¿de verdad era necesario dar tan lamentable espectáculo como para que se escribiera un artículo con ese nombre?


Pero el consumismo desenfrenado y las ganas de juerga y jolgorio que todos los españoles tenemos no es algo nuevo; lo que me sorprende es que la apertura de un centro comercial mueva a más de 30.000 personas, y una manifestación a nivel nacional por los derechos que tan brutalmente nos están siendo suprimidos, apenas 65.000 (también suponiendo que esta cifra facilitada por la Delegación del Gobierno no esté manipulada). Señores, 65.000 frente a 30.000, apenas el doble de personas luchando por sus derechos que de personas (a saber cuantas de ellas en el paro o afectadas directamente por los recortes) de cachondeo. Personalmente me da escalofríos pensarlo.

Con esto, exagerada y catastrófica que soy, no puedo evitar que me vengan a la cabeza imágenes de circos romanos, de personas mugrientas apiladas de pie en los gallineros de los teatros, el fútbol, la programación de Telecinco, y en definitiva, todas esas cosas que los dirigentes nos han proporcionado desde siempre para evadirnos de esa realidad de mierda que ellos han creado y nosotros nos tenemos que tragar sin rechistar. Es como eso de "Con un poco de azúcar esa píldora que os dan..." Comprad y divertíos todo lo que queráis, pero recordad que se están riendo de nosotros y que ellos no van a ser los que se queden sin trabajo, ni sus hijos sin educación.

13 sept 2012

El Tiempo no tolera que le den palmadas.


"-Si conocieras al Tiempo tan bien como lo conozco yo -dijo el Sombrerero-, no hablarías de matarlo. ¡El Tiempo es todo un personaje!

-No sé lo que usted quiere decir -protestó Alicia.

-¡Claro que no lo sabes! -dijo el Sombrerero, arrugando la nariz en un gesto de desprecio-. ¡Estoy seguro de que ni siquiera has hablado nunca con el Tiempo!

-Creo que no -respondió Alicia con cautela-. Pero en la clase de música tengo que marcar el tiempo con palmadas.

-¡Ah, eso lo explica todo! -dijo el Sombrerero-. El Tiempo no tolera que le den palmadas. En cambio, si estuvieras en buenas relaciones con él, haría todo lo que tú quisieras con el reloj. Por ejemplo, supón que son las nueve de la mañana, justo la hora de empezar las clases, pues no tendrías más que susurrarle al Tiempo tu deseo y el Tiempo en un abrir y cerrar de ojos haría girar las agujas de tu reloj. ¡La una y media! ¡Hora de comer!"

A mi Flor de la Argentina.


Malgasté mi tiempo; ahora el tiempo me malgasta a mí.
                                                                                                 Shakespeare.

"Reloj blando en el momento de su primera explosión" – S. Dalí.
¿Qué tienes que contar, reloj molesto,
en un soplo de vida desdichada
que se pasa tan presto;
en un camino que es una jornada,
breve y estrecha, de este al otro polo,
siendo jornada que es un paso solo?
Que, si son mis trabajos y mis penas,
no alcanzarás allá, si capaz vaso
fueses de las arenas
en donde el alto mar detiene el paso.
Deja pasar las horas sin sentirlas,
que no quiero medirlas,
ni que me notifiques de esa suerte
los términos forzosos de la muerte.
No me hagas más guerra;
déjame, y nombre de piadoso cobra,
que harto tiempo me sobra
para dormir debajo de la tierra.

Pero si acaso por oficio tienes
el contarme la vida,
presto descansarás, que los cuidados
mal acondicionados,
que alimenta lloroso
el corazón cuitado y lastimoso,
y la llama atrevida
que Amor, ¡triste de mí!, arde en mis venas
(menos de sangre que de fuego llenas),
no sólo me apresura
la muerte, pero abréviame el camino;
pues, con pie doloroso,
mísero peregrino,
doy cercos a la negra sepultura.
Bien sé que soy aliento fugitivo;
ya sé, ya temo, ya también espero
que he de ser polvo, como tú, si muero,
y que soy vidro, como tú, si vivo.
Quevedo.

12 sept 2012

La leyenda de Muchoyó.

Cuenta la leyenda que si repites muchas veces "YO" haciendo el baile del pollo en círculos, aparece Pocoyó de la nada y como un relámpago digievoluciona en Muchoyó, despojando de inmediato al insensato invocador de su inteligencia humana con maquiavélico afán destructivo. No sé por qué me da la sensación de que más de un valiente temerario se la ha jugado desafiando esta escalofriante advertencia... Pero no os preocupéis, mis bravos intrépidos, ya que aún siendo lelos aún os quedan esperanzas, pues cuenta también la leyenda que el único modo de recuperar la inteligencia perdida es viajando hasta otros planetas a lomos de un ceroso elefante rosa llamado Epi mientras hacéis el columpio simultáneamente con dos yo-yós. Nada más que la mejor de las suertes me queda desearos; ¡Fuerza y honor!

Lenguajes de programación.


A veces sucede que las personas no somos capaces de entendernos. Aún hablando el mismo idioma, hay veces que simplemente no podemos comprendernos, como si una gran barrera de confusión se alzara entre nosotros, que nos oímos y hasta nos escuchamos, que nos escrutamos los unos en los ojos de los otros como tratando de adivinar el sentido de ese caos verborreico totalmente indescifrable y sin aparente claridad en que se ha convertido nuestra charla. Es entonces cuando nos sobreviene la rabia, la furia, la frustración que nos asedia con la incertidumbre de si no sabremos expresarnos con la suficiente transparencia o si simplemente nuestro receptor es un imbécil redomado poco espabilado.

Llegados a este punto, algunas personas comienzan entonces a gritar, pensando que al alzar la voz el contenido de su mensaje se hará más claro; otras despotrican ferozmente y agreden verbalmente a su adversario, tratando de minar la seguridad de éste humillando y menospreciando sus argumentos e ideas, y otras pocas se muerden la lengua tratando de ocultar (normalmente sin éxito) su certeza absoluta de que tienen razón y lo que sucede es simplemente que la otra persona es incapaz de comprender la verdad de sus argumentos, corta de miras, y hasta se apiadan de ella, misericordiosos (estos últimos quizás sean los peores, ya que su férrea convicción los hace soberbios e intransigentes; seamos humildes y librémonos del fanatismo, Amén). 

Volviendo al principio y resumiendo: Parece ser que hay ciertas personas que pese a tener a su alcance todas las herramientas posibles para comunicarse no son capaces de ponerse de acuerdo ni de comprenderse. ¿Por qué les pasa esto? Mi teoría es simple: Están codificadas en diferentes claves. Quizás compartan algunos símbolos o sean capaces de traducirlos, pero serán tan solo destellos fugaces de comprensión, guiños de complicidad efímeros sobre un abismo insalvable. Otras personas, sin embargo, parecen saber descifrarse con tal soltura que hayan dedicado sus vidas enteras a estudiar sus códigos; entre éstas personas bastarán un par de miradas, un gesto vago, algunas palabras.

Conclusión: Intentemos pensar que existen otros lenguajes de programación (tantos como personas) en vez de dar por hecho que la persona con la que discutimos es lerda, o que lo somos nosotros. Aunque bueno, si al final descubrimos con certeza irrevocable que de verdad es lerda, pues será que lo es, ¡tampoco es cuestión de negar la realidad!


11 sept 2012

¿Con qué derecho se dice que un niño está más cualificado que otro?


Vivimos en una sociedad en la que somos más  un número que una entidad. Una entidad humana, a ver si piensan los que me leen que con entidad pretendo decir financiera, un bolsillo con más o menos dinero (que puede ser que así es como nos vean nuestros queridos dirigentes, como una cartera numerada con piernas y mas o menos billetes asomando).

Vivimos en un modelo social en el que hacemos creer a las personas desde muy pequeñas que las que tengan el número más alto en una calificación sobre conocimientos aleatorios son las más inteligentes. ¿Quién ha decidido que es más importante saber el teorema de Pitágoras que diferenciar qué setas son venenosas? ¿Quién ha llegado a la conclusión de que un problema matemático sólo será correcto cuando la solución venga dada siguiendo el procedimiento exigido por el profesor?

Se está matando la originalidad,  la creatividad, y lo peor de todo, el amor propio de esas pequeñas personitas desde su más tierna infancia. Porque ese convencimiento que van a adquirir desde tan temprano, esa sensación de superioridad o inferioridad con respecto a sus más aventajados o desaventajados compañeros, es algo que les acompañará de por vida y que probablemente determine por completo sus futuros; es algo que va a modelar profundamente su personalidad y actitud en la vida.  Estamos creando cuadrillas de críos que saldrán de los institutos convencidos de que los números, de calificaciones o de las nóminas, determinan sus aptitudes. Y no lo hacen.

¿Con qué derecho se dice que un niño está más cualificado que otro? ¿En qué escala? ¿En qué materia? ¿No puede ser que a ese niño simplemente no se le esté estimulando correctamente en lo que realmente destaca? Siempre hemos escuchado que los adultos tienen la razón, que los niños no saben. Pero nunca he visto guerras generadas por los errores de unos niños, ni por las pasiones mal reprimidas de unos chiquillos, nunca he visto maldad sin solución, terrorismo o destrucción deliberada y malsana en los juegos infantiles. Los adultos, mal que pese, no son más que niños grandes, y como tales, no deberían decidir libremente sobre la vida de otras personas, y menos aún siendo estas personas débiles, pequeñas y fácilmente manipulables. Cortarle las alas al futuro de una criatura porque sea torpe en matemáticas, o en sintaxis, quizás esté privando a la humanidad de un brillante inventor. Y no por no estimularlo, sino por minar su confianza en sus posibilidades para destacar en algo por encima de los demás.

Ser adulto no debería implicar querer organizar a tu manera el mundo que te rodea o manejar la situación según lo que más correcto parezca en ese momento, mirando en realidad por tus propios intereses y convicciones. Quizás en el siguiente post sustituya la palabra niño por pueblo, y adulto por gobierno.